MundoPDF. Blog para descargar en pdf miles de libros y ebooks gratis y puedas leer libros interesantes.

Descargar miles de libros gratis


El Ladrón de Cuerpos ~ Crónicas Vampíricas #4 - Anne Rice

Habla el vampiro Lestat. Tengo una historia para contarle, acerca de algo que me sucedió. Todo comenzó en Miami, en el año 1990, y sinceramente desearía iniciar el relato allí. Pero es importante que mencione los sueños que había tenido con anterioridad, ya que juegan un papel importante en la narración. Me refiero a las veces que soñé con una niña vampiro de mente adulta y rostro angelical, y a otra oportunidad en que soñé con David Talbot, mi amigo humano. 



Pero también soñé con mi niñez de mortal transcurrida en Francia, con nieves invernales, con el ruinoso y umbrío castillo que tenía mi padre en Auvernia, con el día en que salí a cazar una manada de lobos que merodeaba por nuestra pobre aldea. Los sueños pueden ser tan reales como los acontecimientos mismos, o al menos eso me pareció después. 

Además, cuando empezaron los sueños tenía yo un estado de ánimo melancólico, pues era un vampiro vagabundo que deambulaba por la tierra. A veces iba tan cubierto de polvo, que nadie reparaba en mí. ¿De qué me servía tener una espesa cabellera rubia, ojos azules de mirada intensa, ropas llamativas, una sonrisa irresistible y un cuerpo bien proporcionado, de un metro ochenta y cinco de altura que, pese a sus doscientos años, podía pasar por el de un mortal de veinte? 

No obstante, yo seguía siendo un hombre de la razón, un hijo del siglo XVIII, siglo en el que realmente viví antes de nacer a las tinieblas. Pero en las postrimerías de la década de 1980 estaba muy cambiado. Ya no era aquel bisoño y elegante vampiro que fui alguna vez, tan afecto a la clásica capa negra y los encajes de Bruselas, aquel caballero de bastón y guantes blancos que danzaba bajo el farol de gas. 

Me había transformado en una especie de dios misterioso gracias al sufrimiento, al triunfo, y a un exceso de sangre de nuestros antepasados vampiros. Poseía facultades que me dejaban perplejo y a veces hasta me asustaban. Esos dones me ponían triste, aunque no siempre sabía por qué. 

Por ejemplo, podía levantar una silla en el aire a voluntad y hacer que se desplazara a grandes distancias, mecida por los vientos nocturnos como si fuera un espíritu. Podía producir o destruir materia mediante el poder de mi mente. Podía encender fuego con sólo desearlo. 

También podía llamar con mi voz preternatural a los inmortales de otros países y continentes y, sin el menor esfuerzo, leer la mente de vampiros y humanos por igual. Qué bueno, podrá usted decir. Yo lo aborrecía. Sufría sin lugar a dudas, por mis antiguas personalidades: el muchacho mortal, el fantasma recién nacido que en una época se propuso tener talento para la maldad. 

Compréndanme: no soy un pragmático. Tengo una conciencia perspicaz y despiadada. Podría haber sido un buen tipo —y quizás a veces lo sea—, pero siempre me consideré hombre de acción. Condolerse es para mí un desperdic



No hay comentarios:

Publicar un comentario