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Civizilaciones Internas - Ami #3 ~ Enrique Barrios


No lo podía creer: por fin la nave de Ami aparecía sobre las rocas de la playa en la noche encendida de estrellas. Mi alma estaba nuevamente feliz. La espera había sido muy larga, pero ahora todo volvía a estar bien en el Universo. El rayo de luz amarilla se encendió y yo me dejé izar por él hasta que llegué al interior del vehículo cósmico, a la pequeña sala de recepción. 



En mi mente sólo estaba Vinka, mi novia extraterrestre, mi alma gemela. Nos volveríamos a encontrar luego de una triste separación. Mi corazón iba latiendo acelerado por la alegría. -Bienvenido a bordo –me dijo sonriendo un extraño joven que apareció ante mí para recibirme. Eso me pareció muy raro, porque yo esperaba ver allí a Ami o a Vinka. -Ami no pudo venir esta vez. 

Pero pasa adelante, Pedro, ya hablaremos. Se trataba de un delgado y esbelto chico, mucho más alto que yo, quien, evidentemente, pertenecía a la raza de Vinka, los swamas. Igual que ella tenía el pelo rosado, los ojos color violeta y las orejas puntiagudas en su parte superior. -¿Está Vinka a bordo? –le pregunté antes de ingresar al salón de comandos. -Sí, aquí está. Pasa para que la veas. Suspiré aliviado y feliz, luego entré. Allá estaba esa mirada mágica, al fondo del recinto. Vinka se veía espléndida. 

Mi pecho se encendió de cariño y de mi sonrisa brotaron chispitas de luz. Pero… ella no me miró con simpatía sino con frialdad. No mostró la menor intención de venir hacia mí ni manifestó alegría alguna ante el reencuentro, me observaba serie desde lejos. ¡Ni siquiera me saludó! Comencé a sentir una especie de angustia. El joven caminó hacia ella y Vinka le brindó una sonrisa que era toda miel… 

¡A él sí y a mí no! Después, él se paró a su lado, se volvió hacia mí, tomó a mi compañera eterna por el hombro y con una cruel mirada de triunfo dijo: -Hubo un error. No existen almas gemelas de mundos diferentes. Nosotros provenimos del planeta Kía, tú eres terrícola, por lo tanto, ella no es tu alma gemela, sino la mía –y procedió a darle un interminable beso en la boca… mientras Vinka le acariciaba la nuca y le arañaba la espalda con pasión… 

Yo sentí que me desgarraba por dentro y quise ponerme a llorar, pero no podía hacer nada, estaba paralizado. Vinka me había dejado por otro chico, uno grande, un hombre ya, de unos diecisiete o dieciocho años, como les gustan a ellas, y no un enano de menos de doce, como yo. En ese momento escuché unos... 



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