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El Correcto Uso del Péndulo y la Pirámide - Gustavo Fernández

Llamamos "Radiestesia" a la capacidad de, empleando distintos elementos físicos, amplifique la natural clarividencia1 del ser humano. Se basa fundamentalmente en el empleo del péndulo, varillas rabdomantes, aurámetros2, dualrods3, etc., formaban parte del reservorio más o menos mágico de adivinos, astrólogos y necrománticos como herramientas que, ora les permitía entrar en contacto con el "más allá", ora les servía como medio para acceder a conocimientos fuera del alcance del común de los mortales.


Tal es el caso, por ejemplo, del antiguo y anacrónico rabdomante4 que, por unos cuantos dineros, buscaba napas de agua para el señor feudal, con su horqueta de avellano o abedul en forma de "Y", tomándola de las ramas menores, paralela al piso, y deambulaba por los campos esperando una señal indicativa: una violenta vibración y la rama mayor de la horqueta volviéndose, aparentemente por sí misma o como forzada por una extraña fuerza invisible, hacia arriba o hacia abajo, indicando así que el rabdomante había cruzado en ese momento por sobre la napa de agua.

Al correr de los años, supieron los especialistas laborar con otros elementos de detección. Surgió entonces, en la alta Edad Media, el péndulo. Al comienzo piedras colgadas de un hilo, sofistificándose al paso del tiempo, que con sus giros a la derecha a la izquierda, hacia delante o atrás, hacían entendible para el operador la naturaleza de lo que se creía detectado, detecciones que, durante siglos, se creyó motivadas ya por un "espíritu" ya por "energías varias" que influirían en su movimiento, provocándolo y transfiriendo a los hombres, de esta forma, saberes que eran, según se decía, hasta entonces sólo propiedad de los "elementales", esto es, entidades inteligentes consustanciadas con la naturaleza esencial de cada uno de los cuatro "elementos" que, para los antiguos, constituían el mundo tal y como lo conocemos5: "salamandras" para el fuego, "ondinas" para el agua, "sílfides" para el aire y "gnomos" para la tierra. 

Aún a principios de este siglo, algunos eminentes radiestesistas todavía sostenían la teoría de que se captaban "radiaciones" particulares de los objetos buscados, cuya transducción en nuestro organismo se presentaba como fenómeno radiestésico. 

Por cierto, hace unos diez años tuve la oportunidad de hacerme con un ejemplar de la acreditada revista "Investigación y Ciencia", en donde un grupo de científicos afirmaba estar en condiciones6 de demostrar

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