MundoPDF. Blog para descargar en pdf miles de libros y ebooks gratis y puedas leer libros interesantes.



Un Sueño Real - Megan Maxwell


Érase una vez que se era, en un pueblo llamado Versualegón, una mañana de frío
invierno en la que ocurría un acontecimiento especial en casa de los Martínez. En el
dormitorio de Cruz y Fernando estaba naciendo un nuevo retoño y todos estaban
ansiosos por conocer a la personita que pronto sería un nuevo miembro de la familia.
—¡Una niña!, ha sido una preciosa niña —gritó Amalia, la matrona del pueblo.
Fernando, el padre de la criatura, entro rápidamente en la habitación para conocer
a su hija y ver a su chica, como llamaba cariñosamente a su mujer Cruz, y se
encontró con una rolliza y preciosa criatura, a la cual decidieron ponerle el nombre de
Clara, en memoria de su abuela materna.


Los veranos e inviernos fueron pasando y Clara, aquel precioso bebé, creció hasta
convertirse en una bonita joven, alta, de gran cabellera morena y grandes y despiertos
ojos.

Una mañana de aquel caluroso verano, cuando Clara regresaba de comprar el pan
en la panadería de Chari, se fijó en que una ancianita intentaba subir una escalera de
escalones bastante altos. No podía, por lo que rápidamente se acercó a ella y le dijo:
—Un momento señora, yo la ayudaré.

Y cogiéndola por el brazo fue aupando a la anciana. Al llegar al final de la
escalera, la mujer miró muy agradecida a Clara y pidió sentarse en un banco que
había cercano a ellas. El esfuerzo la había agotado. Clara, a quien le encantaba hablar
con las personas mayores, pues las consideraba personas sabias por las vivencias que
llevaban a sus espaldas, no lo pensó y se sentó con ella a descansar.
—Has sido muy amable, hija —expresó la anciana mirándola a los ojos.
Con una candorosa sonrisa, la joven contestó:
—No ha sido nada. Lo que hice por usted lo hubiera hecho cualquiera.
—Hija, no creas —murmuró la mujer—. No todo el mundo se para a ayudar a una
anciana. Hoy en día cada cual va a lo suyo y no se suele mirar alrededor a ver quién
necesita que le echen una mano.
Clara sabía que la señora tenía razón, pero, para quitarle importancia a su acto,
preguntó:

—¿Es usted del pueblo? ¿Nunca la había visto?
La anciana, temerosa de la reacción de la muchacha, asintió y musitó:
—Llevo en este pueblo y en estas montañas toda mi vida.
—¿En serio? —planteó Clara dudosa—. Nunca la he visto, ¿dónde vive?
—En la montaña del Olvido.
Clara se quedó alucinada. Aquella dulce y arrugada anciana era la mujer a la que
todo el pueblo evitaba, ¡la bruja del olvido!
Según contaba la leyenda, todo aquel que se atrevía a cruzar aquella montaña no
regresaba más. Y, si lo hacía, sus recuerdos se perdían en aquel lugar.

Reportar link si no funciona - 000388

No hay comentarios:

Publicar un comentario