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Mariposas en el Estómago #4 - Natalie Convers


Alex me mira de reojo y se acerca con un trozo de salchicha. —Abre la boca —me ordena y lo pone en mi lengua—. Y ahora descansa. Unos minutos después he cerrado los ojos y
estoy encogida como un ovillo sobre mí misma. Poco a poco me sumerjo en un sueño raro, una secuencia de imágenes que empiezan con mi hermana pequeña riéndose en el parque y acaba con mi padre llevándosela lejos. Echo a correr tras ellos, pero siento que no corro lo suficiente, llevo mucho tiempo sin entrenar y las piernas no me responden tan rápido como quisiera. Antes de desaparecer, Natalia se despide de mí con su manita. «La he perdido —me digo destrozada—.


¿Qué voy a decirle ahora a mi madre?» Papá se la ha llevado igual que se llevó todo nuestro dinero. Cuando me giro, Elisa está allí, burlándose de mí sentada en el regazo de Alex, quien bebe del vaso de plástico que ella le tiende y luego se pone a besarla sin dejar de mirarme. De repente, cae una tormenta sobre nosotros y la tierra se mueve bajo nuestros pies. Alguien me está zarandeando... —Rebeca...

Mi nombre muere en sus labios como si nunca se hubiera pronunciado. Alguien, Alex o Eduardo, me observa unos instantes con los ojos muy abiertos, sorprendido de que me encuentre frente a ellos en aquel oscuro lugar. No puedo responderle. No puedo moverme y no sé qué decir o qué pensar. Noto que la sangre me recorre el cuerpo. Una extraña sensación de frío sube desde mis pantorrillas y me hiela la piel a medida que avanza, hasta que muere en mi garganta. Esto no es bueno: tal vez no debería haber escuchado esa conversación.

Pestañeo rápido y me llevo una mano a la cabeza. Veo que el gesto de la boca de Alex se
endurece, y él avanza hacia mí, como si quisiera decir algo. De pronto, cuando está a un solo paso de donde me encuentro, oigo el ruido inconfundible de alguien que se desploma como un peso muerto. A cámara lenta, desvío toda mi atención hacia el lugar donde ha caído el bulto, que es el cuerpo de Elisa. Parece una muñeca rota y mueve sin
control las extremidades en todas direcciones. Apenas unas décimas de segundo después, noto que Alex se vuelve para mirar hacia donde yo miro.

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