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Los clanes de la luna alfana - Philip K. Dick

Antes de penetrar en la sala del Consejo Supremo, Gabriel Baines envió por delante a su simulacro —modelo maní— de paso chirriante para ver si corría el peligro de ser atacado. El simulacro —construido con bastante ingenio para parecerse a Baines en todos sus puntos— había realizado muchas funciones desde que fuera diseñado por el clan inventor de los manis, pero Baines procuraba utilizarlo exclusivamente para su sistema de defensa; defenderse era la única conducta que conocía capaz de responder a los estímulos de la vida, lo que le daba derecho a pertenecer a la comunidad pari de Adolfville, en el hemisferio norte de la luna.

Baines había salido de Adolfville muchas veces, claro, pero no se sentía seguro —o, mejor dicho, relativamente seguro— salvo allí, en el interior de los gruesos murallones de la ciudad pari. Lo que demostraba que su pretensión de ser un miembro de pleno derecho del clan pari no era simulada, ni tampoco un simple método que imaginara para tener acceso a cualquier punto de la zona urbana, la mayoría de cuyas construcciones eran sólidas, robustas y diseñadas para durar mucho tiempo. Baines, sin lugar a dudas, demostraba su sinceridad... como si pudiera tener dudas de sí mismo.

Por ejemplo: era imprescindible recordar la visita que había efectuado a las increíblemente degradantes cabañas de los hebes. Últimamente, había salido en busca de los miembros de un equipo de trabajo huidos; como eran hebes, podía contarse con un buen número de posibilidades de que se hubieran refugiado en Gandhitown. Sin embargo, la dificultad consistía en que todos los hebes, al menos para sus ojos, eran muy parecidos: criaturas sucias y sumisas, con ropas harapientas, que reían sin parar y que eran totalmente incapaces de concentrarse en cualquier actividad complicada. Pero, con la constante necesidad de reparar y mejorar las fortificaciones de Adolfville contra los actos de depredación de los manis, el trabajo manual se fue convirtiendo paulatinamente en algo cada vez más precioso. 

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