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sábado, 7 de octubre de 2017

Tratado de Quirología Médica - Arnoldo Krumm-Heller

Al visitar los hospitales y consultorios oficiales, se recibe una impresión deprimente, contemplando, primero, los desgraciados que a ellos acuden en busca de salud, y luego, la actitud mixta de interrogación y admiración de los sacerdotes de la ciencia médica que en ellos ofician. Luchan éstos, y generalmente se quejan de que el paciente acude en su busca tan a destiempo, cuando la enfermedad ya se habrá vuelto grave, y quizás incurable! cuando se trata de enfermos' desconocidos; se duelen, al ver a los .suyos en iguales circunstancias y de que la medicina actual no tenga procederes de diagnóstico más claros y precisos. Y el desfile de enfermos incurables se eterniza, pintada en su cara, la triste actitud el "Ave César" de los gladiadores romanos. Y así es de ver el grado de intensidad con que observan al paciente en su aspecto externo, para descubrir una pigmentación amarillenta que indique el paso de la bilis al torrente circulatorio, y, en consecuencia, un trastorno hepático, o edemas en pies, manos, párpados, etc., que le pongan sobre la pista de una enfermedad del corazón o riñones; o bien, un aspecto pajizo de la piel, que le indique la naturaleza cancerosa de una tumefacción indeterminada.

Pero ¡cuántas veces faltan estos síntomas exteriores! Y, en los aparentes, al ser vistas, ¡es que la enfermedad no l1cgó al período culminante y algunas veces incurable?
Para ver de descubrirla en sus comienzos, palpa, percute, ausculta, usa Rayos X, y analiza en el laboratorio, con reactivos y microscopios, humores y tejidos que, cuando dan la reacción del mal, es que éste asentó ya sus reales; y aun así, ¡cuántos Wasserman negativos, en sifilíticos confirmados por la clínica y confesión del mismo enfermo!; ¡cuántos bacilos de Koch no aparentes, en esputos de tuberculosos caquéxicos!; ¡cuántos cortes interrogantes al microscopio, de cánceres incipientes, y, por tanto, perdiendo el momento preciso para salvar holgadamente la vida del desdichado... !

Da. risa y pena, al mismo tiempo, el haberse hecho aforística la frase: “Resultado negativo de una reacción no predice la ausencia de la infección o afección que se buscaba”. Y así la medicina oficial va actualmente cabalgando sobre un Rocinante ciego, que bordea precipicios, llevando sobre sus hombros inseguros la Humanidad doliente.
¿Quién no ha oído decir a su médico, honradamente: "Aun no veo claro de, qué se trata. Hagan ustedes tal o cual cosa hasta mañana y veremos" ¿No es lastimoso, y hasta criminal, perder un tiempo que pudiera emplearse para la curación? Yo recuerdo muchos casos, en que no se descubrió una apendicitis, confundiéndola con un dolor de vientre cualquiera; y, al día siguiente, el enfermo ya estaba muerto. ¿Por qué, si reconocemos esto, nos mostramos tan escépticos a todo cuanto nuevo se nos presenta, no admitiéndolo hasta que la generalización nos convence?


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