jueves, 7 de septiembre de 2017

No es posible curarse sin Aprender a vivir - Ferando Callejón


Hace cien millones de años, se presume que el ser vivo en su camino evolutivo pasó del agua a la tierra. El anfibio se convirtió en reptil. Este paso fue una de las crisis de supervivencia más duras ya que requirió una serie de adaptaciones necesarias ante situaciones nuevas. Ya no podían sacar el oxígeno del agua sino del aire. Las branquias debieron ser inutilizadas y formarse órganos nuevos como los bronquios. Al salir de los océanos, la disponibilidad de agua era escasa y tuvieron que crearse órganos que retuvieran el líquido; así nacieron los riñones. Al estar sobre la tierra, el sol agredía directamente el cuerpo y el ser vivo debió protegerse con una piel primitiva, llamada dermis. También los órganos tuvieron ésta necesidad creando así el peritoneo, la pleura y el pericardio. Por último, el ser vivo, que ya sabía como reproducir pero no como alimentar a su cría, invaginó sus glándulas sudoríparas y originó las glándulas mamarias.

Todo esto ocurrió hace cien millones de años, en el mismo momento en que en el sistema
nervioso central aparece el cerebelo que es aquel que rige y ordena las funciones de los tejidos nombrados. Se podría rememorar la creación de cada órgano y de su correspondencia en el sistema nervioso de acuerdo a las crisis de supervivencia que debió superar el ser vivo en la escala evolutiva de los vertebrados ( peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos)...
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