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lunes, 25 de septiembre de 2017

Los Grandes Iniciados - Edouard Schure


El mayor mal de nuestro tiempo es que la Ciencia y la Religión aparecen como fuerzas enemigas e irreductibles. Mal intelectual, tanto más pernicioso cuanto que viene de lo alto y se infiltra cautelosamente en todos los espíritus, como sutil ponzoña que se respira en el aire. Y todo mal de la inteligencia viene a ser a la larga un mal del alma y, porconsecuencia, un mal social. Mientras el cristianismo no hizo otra cosa que afirmar sencillamente la fe cristiana, en una Europa aún semibárbara, como ocurría en la Edad Media, él fue la mayor de las fuerzas morales y formó el alma del hombre moderno. En tanto que la ciencia experimental, reconstituida en el siglo XVI, reivindicó sólo los derechos legítimos de la razón y su ilimitada libertad, ella fue la mayor de las fuerzas intelectuales, renovó la faz del mundo libertando al hombre de las seculares cadenas, y proveyó al espíritu humano de bases indestructibles.

Pero desde el momento que la Iglesia, no pudiendo probar ya su dogma primitivo ante las objeciones científicas, se encierra en aquél como en una casa sin ventanas, oponiendo la fe a la razón de modo absoluto e indiscutible; desde que la Ciencia enajenada por sus descubrimientos en el mundo físico, hace abstracción del psíquico e intelectual y se ha hecho agnóstica y materialista en sus principios y finalidad; desde que la Filosofía, desorientada e impotente entre ambas, ha abdicado en cierto modo de sus derechos para
caer en un escepticismos trascendente, una escisión profunda se ha operado en el alma de la sociedad al igual que en la de los individuos...
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