viernes, 1 de septiembre de 2017

Educar sin ira - Ángel Peralbo



A todas aquellas personas que han confiado en mí para ayudarlas en algo tan valioso como conseguir sentirse bien consigo mismas y ser capaces de transmitírselo a su vez a las que les rodean. Personalmente para mí, resulta una continua experiencia vital de incalculable valor. A todos aquellos que, independientemente de su edad, me demuestran que se puede cambiar y mejorar. Lo considero un regalo, un ejemplo de superación. A mis compañeros, que se desviven por cuidar de sus pacientes de manera cercana y profesional. A los chicos y chicas que se dejan ayudar, pues son muy valientes y demuestran el potencial que tienen para salir adelante y continuar por sí mismos. A los padres y educadores que he conocido, que cuando se han cuidado a sí mismos han podido cambiar su visión y aumentar su eficacia en la educación de sus hijos.

A Carlos Mateo, uno de los psicólogos más experimentados que trabajan hoy día en España y uno de los entendidos en inteligencia emocional de quien yo más he aprendido. A Mónica Liberman, una magnífica editora, con asombrosa capacidad para promover y cuidar los detalles de este proyecto. Es especial su dedicación y la del resto del equipo editorial en temas tan importantes para la sociedad como el tratado en este libro. A María Jesús Álava, psicóloga, a Javier Cabanyes Truffino, neurólogo, a Antonio Cano Vindel, doctor en
Psicología, a Carmen Castelló Tardajos, pedagoga, a Antonio Méndez Giménez, doctor en Educación Física y Deportes, y a Javier Urra, doctor en Psicología, grandes profesionales en cada uno de sus campos y grandísimas personas, siempre dispuestas a participar y
compartir su sabiduría. Para mí es un lujo poder incluir sus opiniones y recomendaciones. Estoy seguro de que los lectores también lo agradecerán...
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