jueves, 17 de agosto de 2017

Luna de Oriente - Nieves Hidalgo


lo llevaba pegado a su pecho le acunó, procurando que permaneciera en silencio y bajó las escaleras con premura. Tenía que escapar para proteger a su hija. Vestía la ropa con la que llegó a la mansión, la que siempre le perteneció y la señalaba como Shylla Landless. Paria. Gitana. Una mujer sin tierra —como su propio apellido indicaba—, y ahora sin futuro. A punto de tropezar en el último peldaño, la criatura dejó escapar un gorjeo y la apretó más contra sí, cubriendo su cabecita con el manto. Su corazón latía con fuerza, a punto de estallar. Alcanzó la puerta, la abrió con cuidado y oteó el exterior. Era una noche oscura y el viento racheado azotó su rostro. Se cubrió ella misma con la capucha de la capa, la única prenda que se llevaba, regalo del duque.

No se arriesgó a tomar montura o landó. Nadie debía saber de su marcha o acabarían con su hija y con ella. Al atravesar el jardín de Mulberry Hill, se permitió un último vistazo por encima del hombro hacia la construcción, hermosa y acogedora aun en medio de la bruma que la rodeaba, donde fue feliz. Allí dejaba su amor y su vida y se le escapó un sollozo angustiado. Había alcanzado las estrellas junto al hombre que amaba y ella, una gitana, pagaba ahora su audacia. Tragándose las lágrimas se despidió del hombre que la había amado y al que ella amaría hasta el fin de sus días. Habían sido dos años de ensoñación y lujos, que ahora quedaban atrás. Cuando le anunció la llegada del bebé, él enloqueció de alegría, juró que se casarían, que la convertiría en su duquesa —a Nell Highmore le importaban poco los estamentos sociales...
Compartir en Facebook


Reportar link si no funciona

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Busca tu libro PDF