viernes, 28 de julio de 2017

El Paraíso no está perdido sino olvidado - Facundo Cabral



Vengo cuando hay que venir a decir lo que hay que decir, fundamentalmente que el paraíso no está perdido sino olvidado y que en una eternidad siempre se puede empezar de nuevo. El artista debe decir todo (la verdad es totalidad y la totalidad incluye a la imaginación), por peligroso que sea, además, si no se dice la verdad es inútil hablar ¿Usted siempre dice la verdad? Le preguntaron a mi madre, que contestó: Sí ¿o usted conoce otra manera de diálogo? Si no decimos la verdad sufrimos una muerte lenta y misteriosa, todo se llena de un extraño silencio, un silencio diplomático es decir enfermizo y suicida, un vacío discreto y
continuado que nunca se sabe dónde terminará, ni siquiera dónde comenzó. La tarea del artista es provocar el vuelo, alentar la humanidad, abrir todas las ventanas. 
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Yo no estoy fuera de la vida juzgándola sino dentro viviéndola, no soy un crítico ni un espectador sino un protagonista que morirá por el fuego, no por el humo, es decir por la acción no por la idea... Han dicho que soy un Borges on the rocks, la versión divertida de la Enciclopedia Británica, un Woody Allen cristiano, la voz de una revolución todavía posible, un ángel sin escrúpulos, el apóstol que le faltaba a Jesús, un médico del alma, el último anarquista. Para algunos soy un peligro social y para la UNESCO un mensajero mundial de la Paz, pero en realidad soy un vagabundo desaforado, alguien que buscó y busca en todos los rincones del mundo, al espejo que lo ayude a reconocerse, la provocación que le despierte el punto central, el que armoniza con todo el Universo del que lo sepamos o no, somos parte...


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