Blog para descargar libros en PDF, descarga en PDF libros. MundoPDF

El Amor es la Respuesta - Mónica Maier




Cerré el dossier y lo coloqué sobre la creciente pila de carpetas que se amontonaban en la bandeja de asuntos por archivar. «Archivar», tracé las grandes letras de imprenta escritas en la etiqueta fijada al lateral de brillante plástico negro. Qué poca justicia hacía la definición de esa palabra a mis sentimientos. ¿Cómo creían que podía arrinconar en mi cabeza las vidas destrozadas de todas esas familias que poblaban mis expedientes y que, al menos para mí, eran algo más que meros datos sobre un papel? La respuesta era sencilla: no podía.

Pestañeé varias veces, tratando de calmar la creciente quemazón en mis ojos. Era capaz de sobreponerme y seguir adelante, solo se trataba un mal día. Inhalé con fuerza y me puse en pie. Recogí mis cosas, apagué la luz del despacho —uno de los pocos que continuaban iluminados a esa hora en mi planta— y me encaminé al ascensor. Abandoné el edificio de oficinas a paso rápido, casi como si estuviera huyendo de algo, y paré un taxi. Cuando tomé asiento en la parte trasera del vehículo, una ligera presión me comprimía el pecho. Le indiqué la dirección al taxista, respiré hondo, apoyé la cabeza en el respaldo del asiento y cerré los ojos, tratando de contener la vorágine de pensamientos que danzaban en mi cabeza sin orden ni concierto. La voz amable del conductor me llegó amortiguada, como si viniera de un lugar remoto. Alcé los párpados con lentitud y tuve que hacer un esfuerzo para orientarme. Miré por la ventanilla y reconocí la fachada de mi edificio.

Como sonámbula, saqué un billete del monedero y se lo entregué al hombre que, con gesto preocupado, me preguntaba desde la parte delantera si me encontraba bien. No contesté, solo agarré el tirador y me bajé del vehículo sin esperar tan siquiera el cambio. La temperatura era considerablemente más baja en la calle que en el interior del taxi, pero apenas lo noté; una capa de transpiración empapaba mi blusa bajo el abrigo. Recorrí con pasos inseguros la distancia que me separaba del ascensor y agradecí que se encontrase parado en la planta baja. Observé al fantasma de piel pálida y ojos hundidos que me miraba desde la luna del espejo que adornaba la parte superior del habitáculo: no me reconocía. Sentía que mi vida se me escapaba como arena entre los dedos...



Reportar link si está roto

No hay comentarios:

Publicar un comentario