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Diccionario del Suicidio - Carlos Janín



Lanzarse a escribir un diccionario parece una ambición desmedida y le hace a uno sentirse como un contertulio de la radio, esa condición que permite opinar de todo aunque no se sea especialista en nada. Y para mayor dificultad, sobre un tema como el suicidio, para lo que habría que ser forense, psicólogo, jurista, filósofo o bombero: ninguna de tales profesiones puede aducir el autor en su favor. Valga como primera disculpa que no pretendo que sea exhaustivo; más aún si, como dijo Victor Klemperer, “nadie le pide a un diccionario que sea exhaustivo”. Lo mismo decía Littré, que tanto sabía del asunto: “Un diccionario nunca está terminado”. Una ventaja de escribir un libro como éste es que, al contrario de lo que ocurre con las antologías, no habrá quejas de ningún ausente.

Sólo me propongo que el lector se instruya y deleite a un tiempo con su lectura y saque de ella al menos una lección: lo relativas que son muchas de nuestras convicciones, tanto si son objeto de anatema como artículos de fe. — Entonces, para usted, ¿la vida es algo relativo? — No, pero tampoco hasta el punto de que interfiera en la libertad individual. Tan malo me parece condenar a muerte como condenar a vivir. Dése un pequeño repaso histórico —a lo que se invita en este libro— y se verá que la humanidad, en este capítulo como en tantos otros, cambia de opinión como de gustos y aficiones. Si la 

Antigüedad parece tolerar la muerte voluntaria y aun a veces la exalta, el cristianismo la condena con la mayor firmeza; pero basta con que soplen nuevos aires de paganismo con el Renacimiento para que lo que parecía el más grave pecado y un crimen ante la ley se vuelva heroica decisión y modelo de sabiduría. Después vendrá el romanticismo y el suicidio envolverá con un aura de prestigio a sus cultores, abriendo un foso insalvable entre filisteos y artistas. Por fin, en el siglo XX se registra un nuevo cambio: el sexo, que era el máximo tabú, ocupa de pronto pantallas y portadas, mientras la muerte, admitida en casa hasta entonces como un miembro más de la familia, se esconde avergonzada. No todas las muertes, pero sí el suicidio...
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