miércoles, 24 de mayo de 2017

Reciba al Espíritu Santo - John Osteen

Estamos en el gran día del derramamiento del Espíritu Santo. Usted no sólo necesita recibir el Bautismo en el Espíritu Santo, sino también saber cómo ayudar a otros a recibirlo. Está usted viviendo en medio de una generación que ha despertado. Desde los días en que comenzó la Iglesia, ninguna generación se ha encontrado con tanta gente hambrienta, desesperada y sedienta que anhela la ayuda de Dios. Si en algún momento hemos necesitado saber cómo ayudar a la gente, ese momento es hoy. Hubo un tiempo en que los bautistas no querían escuchar, pero estamos ya en un día nuevo. Hubo un tiempo en que los metodistas no querían escuchar, pero estamos ya en un día nuevo. Hubo también un tiempo en que el amado pueblo católico no quería escuchar, pero los tiempos son distintos. Hoy hay gente de todas las denominaciones que está dispuesta a escuchar. Son unos tiempos en que tanto hombres como mujeres han despertado. El antagonismo no existe en medio del pueblo cristiano hoy. Los cristianos no quieren discutir, sino saber cómo obtener todo lo que Dios tiene para ellos.


Es trágico que muchas personas no sepan cómo ayudar a la gente a recibir el Bautismo en el Espíritu Santo. La gente hambrienta queda frustrada e insatisfecha, sin el poder de Dios. Si usted es un alma hambrienta que anhela algo de Dios, quiero que sepa cómo recibir el Bautismo en el Espíritu Santo. Conozco un relato acerca de un hombre que me recuerda a cierta gente de hoy. El hombre vivía en otro país. Ahorró dinero para venir a Estados Unidos en barco. Sólo tenía dinero suficiente para comprar su pasaje. No sabía mucho acerca de los viajes y le preocupaban las comidas. Antes del viaje, tomó una gran bolsa de papel y la llenó de queso y galletas. Pensó comer aquello mientras cruzaba el océano, y de esa forma llegaría a América sin morirse de hambre. 

Toda la vida había soñado con venir a Estados Unidos, la tierra prometida. Tomó el barco y cada día, cuando todos iban a tomar un delicioso desayuno, él se sentaba con su queso y sus galletas. Iban a comer una abundante cena y él iba a su rincón y se sentaba con su bolsa de papel, sacaba su queso y sus galletas y comía. Así pasó un día tras otro, mientras el barco atravesaba el océano. Finalmente, llegó el último día y un hombre se dio cuenta de que estaba sentado lejos de los demás, comiendo queso y galletas. Le preguntó: "¿Por qué está comiendo queso con galletas?" El contestó: "¡Oh, me avergüenzo! Es que sólo tuve dinero suficiente para comprar el pasaje. Como no conseguí dinero para las comidas, tengo que comer queso y galletas. Ya casi no me queda nada de comida, así que me alegro de que estemos llegando."


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