lunes, 29 de mayo de 2017

El Lado ciego del amor - Ingrid Díaz

El joven miró atentamente el agua, desafiándole a cobrar vida. Desafiándole a explicar por qué su vida había tomado, de repente, tan violento giro. Su largo cabello rubio era encrespado y después alisado por el viento. Sus ojos azul-verdes brillaban con lágrimas sin derramar. Mantenía las manos embutidas en los bolsillos de sus raidos vaqueros, los puños tensándose con frustración y rabia. El lago, en contestación, brillaba mudo a la luz del atardecer. Si tenía respuestas, estaban bien ocultas en sus lóbregas aguas. Kiara estaba allí, vigilándole como era su deber. Sus alas extendidas detrás de ella con silenciosa resignación. Si había algo que pudiera hacer para ayudarle, ella lo desconocía. El muchacho echó una última mirada al agua y entonces se alejó, pasando junto a Kiara sin verla. La ángel suspiró para sí, bajando sus ojos azul hielo con pesar y tristeza. "A veces es un asco ser guardián," susurró. "¡Y corten!" gritó la director. "Gran trabajo, Julianne. Es el final, chicos." 

El set de Guardian de repente cobró vida mientras un desfile de ansiosos miembros de plantilla empezaban la rutina diaria de desmantelar y reunir escenarios. La una vez pacífica escena del lago se convirtió en una vorágine de ruido y actividad. Julianne Franqui salió de estampida del set, deshaciéndose de las alas de ángel de su espalda con un fluido movimiento. Se los tiró a la persona más cercana en su camino. "Que arreglen las correas," ordenó. "Estaban clavándose en el hombro todo el tiempo...


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