sábado, 18 de marzo de 2017

Mi nombre es Legión - Roger Zelazny

Me encontraba en el cuarto de control cuando la unidad J-9 nos jugó una mala pasada. Entre otras cosas, estaba allí para realizar un aburrido trabajo de mantenimiento. Abajo, en la cápsula, dos hombres inspeccionaban el Camino al Infierno, ese eje atornillado al fondo del océano, a miles de brazas de profundidad, que pronto estaría abierto al paso. Normalmente no me habría preocupado, puesto que había dos técnicos entre el personal del J-9. Pero uno de ellos estaba de vacaciones en Spitzbergen y el otro había dado parte de enfermo esa misma mañana. Una inesperada combinación de viento y aguas turbulentas sacudió al Aquina; recordé entonces que era la víspera de Rumoko y tomé una decisión. Crucé rápidamente la habitación y retiré un partel lateral. —¡Schwiter! No está autorizado a entrometerse en eso —dijo el doctor Asquith. Inspeccioné los circuitos.

—¿Quiere encargarse usted de este trabajo? —le pregunté. —Por supuesto que no; ni siquiera sabría por dónde empezar. Pero... —Entonces ¿vamos a dejar morir a Martin y a Demmy? —No, por favor. Pero usted no... —Entonces dígame quién... —dije—. Esa cápsula se controla desde aquí arriba y algo acaba de saltar. Si conoce alguien más apto para hacer el trabajo, mándelo buscar; de lo contrario, trataré de reparar el J-9. Finalmente guardó silencio y yo pude buscar la avería. El sabotaje estaba hecho de un modo bastante burdo. Habían llegado incluso a realizar soldaduras. Tras alterar cuatro circuitos, habían vuelto a meter toda la maraña en uno de los cronómetros...


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