domingo, 26 de febrero de 2017

Odio Cósmico - Marion Zimmer Bradley

Estábamos dejando atrás la noche... La Cruz del Sur había planetizado en Darkover a medianoche. Allí había embarcado yo en la nave terráquea que iba a transportarme a las enigmáticas regiones periféricas de un planeta. Sólo había transcurrido una hora, pero ya el aire tenue empezaba a teñirse de un tono rosado, que delataba la proximidad de la alborada. Bajo mis pies, la plataforma de la gran nave, tembló ligeramente, cuando empezó a volar. Cumbres y más cumbres se iban quedando atrás... Después de seis años de vagabundo por media docena de sistemas estelares, regresaba a mi casa... No sentía nada... Me parecía imposible, pero no sentía nada. Seis años antes, había salido de Darkover con la intención de no regresar jamás. Y, sin embargo, estaba regresando... Esto y una impresión no demasiado agradable, era lo único que persistía en mi mente... 

La impresión ingrata era la certeza de que cuando me marché, todos se habían alegrado al verme partir... Pero... El mensaje desesperado del Regente me vino siguiendo desde Tierra a Samarra y a Vainwal. Costaba mucho dinero enviar un mensaje personal interespacial. Incluso por el sistema de reíais terráqueo, y el viejo Hastur –Regente del Comyn, Señor de los Siete Dominios–, no había desperdiciado palabras en la explicación. Había sido simplemente una orden. Pero yo no podía imaginarme para qué querían que volviera. Me aparté de la luz opalina que se filtraba por aquella ventana, cerré los ojos y apreté mis sienes con la mano... Con mi única mano... El viaje interestelar, como siempre, se había realizado bajo los efectos de un poderoso sedante. Ahora la droga que el médico de la nave me había administrado, estaba empezando a perder eficacia. La fatiga derribó las barreras, dejándome en condiciones de poder captar con toda fidelidad las impresiones reales...


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