lunes, 13 de febrero de 2017

Muerte en el Leviatan - Boris Akunin


Los cadáveres señalados con los números del 1 al 6 estaban sentados alrededor de la granmesa de la cocina. Los números 1 a 3 se quedaron rígidos con la cabeza caída sobre los brazos cruzados; el número 4, con la mejilla apoyada en la palma de la mano; el número 5, recostado contra el respaldo de la silla, y el 6, sentado en las rodillas del 2. Los rostros de los sujetos enumerados del 1 al 6 mostraban tranquilidad, sin el menor indicio de miedo o sufrimiento. Por su parte, los enumerados del 7 al 9, como se ve en el esquema, están tendidos lejos de la mesa. El número 7 sostiene en una mano un silbato, aunque ninguno de los vecinos escuchó esa noche pitido alguno. En los rostros de los números 8 y 9 quedó reflejada una expresión de terror o, al menos, de extrema sorpresa (las fotografías serán presentadas mañana por la mañana). 

No se observan señales de violencia. Tampoco se han descubierto lesiones en los cuerpos tras una inspección superficial. Sin las conclusiones de las autopsias, resulta imposible determinar las causas de las muertes. Gracias a la rigidez post mórtem, Bernehm, médico-jefe de medicina forense, ha deducido que los fallecimientos se produjeron a horas distintas, entre las diez de la noche (n° 6) y las seis de la mañana. El número 7, como ya se ha dicho, murió más tarde, en el hospital. Sin contar con los resultados de los expertos médicos, me atrevo a aventurar que a todas las víctimas se les administró un poderoso veneno de rápido efecto somnífero, y el momento de la parada cardíaca dependería ya tanto de la dosis de veneno suministrada como de la fortaleza física de los envenenados...


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