viernes, 24 de febrero de 2017

María Antonieta - Stefan Zweig

Escribir la historia de la reina María Antonieta es volver a abrir un proceso más que secular, en el cual acusadores y defensores se contradicen mutuamente del modo más violento. Del tono apasionado de la discusión son culpables los acusadores. Para herir a la realeza, la Revolución tenía que atacar a la reina, y en la reina, a la mujer. Ahora bien. veracidad y política habitan raramente bajo el mismo techo, y allí donde se traza una imagen con fines demagógicos, es de esperar poca rectitud de los siervos complacientes de la opinión pública. No se ahorró ninguna difamación contra María Antonieta. ningún medio para llevarla a la guillotina: todo vicio. toda depravación moral, toda suerte de perversidad fueron atribuidos sin vacilar a la louve autrichienne, a la loba austríaca, en periódicos, folletos y libros: hasta en la propia morada de la justicia. en la sala del juicio, comparó el fiscal, patéticamente, a la «Viuda Capeto» con la, viciosas más célebres de la historia, con Mesalina, Agripina y Fredegunda.
Tanto más completo fue después el cambio, cuando. en 1815. ascendió otra vez un Borbón al trono de Francia: para adular a la dinastía. la figura diabólica fue repintada con los colores más suntuosos: no hay representación de María Antonieta procedente de ese tiempo, sin nubes de incienso ni aureola de santidad. Los cánticos de alabanza suceden a los cánticos de alabanza, la intangible virtud de María Antonieta es defendida airadamente: su espíritu de sacrificio. su magnanimidad. su heroísmo inmaculado. son celebrados en verso y en prosa. y un velo de anécdotas. abundantemente impregnadas en llanto, tejido. en general, por aristocráticas manos, envuelve el transfigurado semblante de la reine martyre, de la reina mártir.


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