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miércoles, 4 de enero de 2017

La ética de Aristóteles - Pedro Simón Abril

Cuando me paro a considerar las cosas que del gobierno y policía humana los historiadores antiguos, griegos y latinos, han dejado escritas, S. C. R. M., las graves consultas sobre casos muy importantes, las discretas y dulces oraciones y prudentes pareceres, que se cuentan del Ateniense, del Bizancio, del Lacedemonio, del Corcireo, del Romano, de otros muy muchos pueblos, cuyos hechos los historiadores dejaron en perpetua memoria por sus célebres historias, y, por el contrario, veo cuántos siglos ha que en los gobiernos de los pueblos y ciudades hay tanto silencio en esta parte, y ni se dicen ni se escriben cosas prudente y discretamente dichas en los senados y ayuntamientos dellos, no poco, en realidad de verdad, me maravillo; y como el maravillarse de las cosas, como Aristóteles en su Metafísica escribe, es la causa de inquirir la causa dellas, póngome también a considerar de dónde procede esto, y en qué viene.

Porque no son más indóciles ni rudos los entendimientos de los hombres destos tiempos que los de aquéllos; antes bien (como se puede ser por los ingenios de la guerra, y de otras muchas cosas que vemos en estos tiempos tan sutiles, que casi con razón nos reímos de la rudeza de aquéllos cuanto a esto), parecen ser más aptos que no aquéllos. Pues no menor ocasión para ello hay agora, y ha habido siempre, que la hubo entonces, pues así en la guerra como en la paz se han ofrecido en el mundo, y ofrecen, cosas en que la elocuencia y prudencia pueden desplegar anchamente sus banderas. Sola una causa hallo, y ésta tengo para mí que es la total causa desto, que es la diversidad de los lenguajes...


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