miércoles, 12 de octubre de 2016

Amor bajo sospecha - Cathy Williams

NO, NO y no. Me niego a tener a esa mujer cerca. ¿No has visto que tiene bigote? –dijo James Greystone, de setenta y dos años, que desde su silla de ruedas contemplaba por el ventanal los terrenos de su propiedad–. ¡Cómo se te ocurre que pueda soportarla! –concluyó, mirando airado a su ahijado quien, con las manos en los bolsillos, se apoyaba contra la pared. Andreas suspiró y fue hacia él. El sol del final del verano acariciaba los prados que se extendían ante su vista sobre un paisaje de apacible belleza. Nunca olvidaba que todo ello, el terreno, la mansión, cada uno de los bienes que su padre no se habría podido permitir ni en sueños, eran suyos gracias a la generosidad de James Greystone, quien había contratado a su padre como chófer y jefe de mantenimiento en un tiempo en el que era imposible para un inmigrante encontrar trabajo. Dos años más tarde, había dado también cobijo a su madre. Y, no teniendo hijos propios, cuando Andreas nació, lo trató como si lo fuera, pagando los colegios más prestigiosos, en los que Andreas había desarrollado su precoz y excepcional talento.

Andreas podía recordar a su padre sentado en el salón en que se encontraban en aquel momento, jugando al ajedrez con James mientras el café se enfriaba sobre la mesa. Andreas debía todo lo que tenía a su padrino, pero su relación con él iba mucho más allá que el sentido del deber. Andreas adoraba a su padrino a pesar de que podía ser un cascarrabias y de que, desde que estaba enfermo, se había vuelto insoportable...



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