viernes, 22 de julio de 2016

Serenata - Jennifer Blake

Capítulo 1: Pilar Marie Sandoval y Serna sabía que lo que estaba a punto de hacer era una locura. Encontrarse con el famoso bandido El León, el león de las colinas de Andalucía -por casualidad y a plena luz del día-, era de por sí peligroso, invitarlo a reunirse con ella a medianoche en un oscuro patio suponía dejar su honor e incluso la vida en sus manos. No obstante, el peligro no le importaba. En algunas ocasiones merecía la pena correr el riesgo. Pilar apretó el mantón contra su cuerpo mientras recorría de arriba abajo el patio embaldosado. La noche era fría, algo común a fines de diciembre en Sevilla. Ese frío era, naturalmente, la única razón para los temblores que la sacudían. ¿Por qué debía temer a El León? Su padrastro, don Esteban, era mucho más despreciable, un demonio con forma humana; sin embargo, no temblaba cuando se enfrentaba a él. Éste pensaba que la había derrotado, pero ella le demostraría lo contrario. Por supuesto que lo haría.


Era una noche tranquila. De las calles de la ciudad, sólo llegaba el crujido ocasional de un carruaje que pasaba y el murmullo de los últimos noctámbulos que regresaban a sus casas. En algún lugar lejano ladraba un perro. Más cerca, quizás a tres o cuatro casas de distancia, un enamorado hacía sonar su guitarra y entonaba una vieja tonada andaluza a modo de serenata para su dama. La música era confusa, la voz baja y profunda, enriquecida por una ahogada melancolía. La luz de la luna brillaba en el patio cerrado, filtrándose a través de las ramas del jacarandá y formando profundos charcos de sombra bajo los naranjos de hojas lustrosas. Atrapaba el agua arrojada por la fuente de piedra y convertía las gotas salpicadas en piedras lunares líquidas. Trazaba el complejo dibujo de las baldosas moriscas del piso y empalidecía el color rosado de los geranios en macetas adheridas a las paredes. Bajo su luz, el cabello color de miel de Pilar adquiría tonos dorados; sus pómulos se cubrían de un brillo perlado y sus cálidos ojos marrón-chocolate revelaban profundidades más que misteriosas...



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