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La Curación Cuántica - Deepak Chopra

—Uno de mis pacientes, un chino, tiene un cáncer de la cavidad nasal; está ya en fase terminal. La enfermedad se ha extendido por toda la cara y lo está pasando muy mal. Pero él es médico; creo que debería oír esto. Yo estaba sentado del otro lado del despacho y asentí con la cabeza. Era un día de finales de octubre de 1987, en Tokyo. Había ido a visitar a un especialista en cáncer japonés que tal vez pudiera ayudarme a demostrar la validez de una nueva teoría médica. Pretendía despejar una de las mayores incógnitas de la medicina, el proceso de curación. En 1987, no había dado aún con el término «curación cuántica», pero, de hecho, llevábamos una hora tratando del tema.


Nos levantamos a la vez y nos dirigimos hacia los pabellones. De camino, iba admirando unos jardines Zen que adornaban exquisitamente los entornos del hospital. A esa hora los niños estaban durmiendo; caminamos en silencio. Cuando llegamos a las habitaciones individuales, nos detuvimos; mi colega japonés encontró la puerta que buscaba, la abrió y me dejó pasar primero. —Doctor Liang —dijo—, ¿tiene unos minutos que dedicarnos? El cuarto estaba a oscuras. En la cama estaba tumbado un hombre, de unos cuarenta y tantos años, más o menos de mi quinta. Se dio la vuelta hacia nosotros, cansinamente.



Los tres teníamos algo en común. Éramos orientales y habíamos renunciado a vivir en nuestra tierra para educarnos en el campo de la medicina occidental. Sumando las experiencias de los tres, eran más de cincuenta años dedicados a la práctica de nuestras respectivas especializaciones. Pero el hombre tumbado en aquella cama era el único que moriría en menos de un mes. Cardiólogo de Taiwán, le habían diagnosticado un año atrás un cáncer de nasofaringe. Tenía el rostro casi totalmente vendado. Sólo se le veían los ojos. No fue fácil para mí. Entré en la habitación saludando y dirigiendo la mirada al doctor Liang, pero él apartó la suya. —Hemos venido para charlar un rato —dijo en voz baja el doctor japonés—, pero quizás esté muy cansado...


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