lunes, 4 de julio de 2016

El retorno del rey ~ El señor de los anillos 3 - J. R. R. Tolkien

Pippin miró fuera amparado en la capa de Gandalf. No sabía si estaba despierto o si dormía, dentro aún de ese sueño vertiginoso que lo había arrebujado desde el comienzo de la larga cabalgata. El mundo oscuro se deslizaba veloz y el viento le canturreaba en los oídos. No veía nada más que estrellas fugitivas, y lejos a la derecha desfilaban las montañas del sur como sombras extendidas contra el cielo. Despierto sólo a medias, trató de echar cuentas sobre las jornadas y el tiempo del viaje, pero todo lo que le venía a la memoria era nebuloso e impreciso.Luego de una primera etapa a una velocidad terrible y sin un solo alto, había visto al alba un resplandor dorado y pálido, y luego llegaron a la ciudad silenciosa y a la gran casa desierta en la cresta de una colina. Y apenas habían tenido tiempo de refugiarse en ella cuando la sombra alada surcó otra vez el cielo, y todos se habían estremecido de horror. Pero Gandalf lo había tranquilizado con palabras dulces, y Pippin se había vuelto a dormir en un rincón, cansado pero inquieto, oyendo vagamente entre sueños el trajín y las conversaciones de los hombres y las voces de mando de Gandalf. Y luego a cabalgar otra vez, cabalgar, cabalgar en la noche. Era la segunda, no, la tercera noche desde que Pippin hurtara la Piedra y la escudriñara. Y con aquel recuerdo horrendo se despertó por completo y se estremeció, y el ruido del viento se pobló de voces amenazantes.

Una luz se encendió en el cielo, una llamarada de fuego amarillo detrás de unas barreras sombrías. Pippin se acurrucó, asustado un momento, preguntándose a qué país horrible lo llevaba Gandalf. Se restregó los ojos, y vio entonces que era la luna, ya casi llena, que asomaba en el este por encima de las sombras. La noche era joven aún y el viaje en la oscuridad proseguiría durante horas y horas. Se sacudió y habló...

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