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Torneo Mortal - Philip K. Dick

Había sido una mala noche y cuando trató de volver a casa, tuvo una terrible discusión con su coche. —Mr. Garden, no se encuentra usted en condiciones de conducir. Le suplico que conecte el mecanismo auto-auto y se recline en el asiento trasero. Pete Garden se sentó en el asiento piloto y dijo claramente: —Mira, puedo conducir. Un trago, y aunque de hecho sean varios, es un buen estimulante para conducir mejor y estar despierto. No me fastidies y deja de decir tonterías. —Y empujó el botón de arranque; pero no ocurrió nada—. ¡Maldita sea, arranca de una vez!

—No ha colocado usted la llave, señor —repuso el auto-auto.
—Está bien —dijo Pete Garden, sintiéndose humillado. Quizá el coche tendría razón. Con resignación, puso la llave de contacto. El motor arrancó pero los controles permanecían mudos. El efecto Rushmore funcionaba en el interior de la cubierta del coche, y él lo sabía; pero era un caso perdido—. De acuerdo, te dejaré que conduzcas — dijo con la mayor dignidad posible—. Ya que te pones así, qué remedio. Probablemente lo vas a fastidiar todo, como haces siempre cuando yo..., cuando no me encuentro bien. Se situó en el asiento de atrás, se puso cómodo y el coche se elevó por los aires en la obscura noche, parpadeando con sus luces de posición. Dios, qué mal se encontraba. La cabeza le estaba matando.

Sus pensamientos se volvieron, como siempre, a La Partida. ¿Por qué tenía que irle tan desastrosamente? Silvanus Angst era el responsable. Aquel payaso, su cuñado, o más bien el que había sido cuñado en relación con su última esposa. «Bien —se dijo Pete a sí mismo— tendré que recordarlo. Ya no estoy casado con Freya. Nuestro matrimonio naufragó y fue disuelto y ahora tendré que acostumbrarme a pensar que Freya está casada con Clem Gaines y yo no estoy casado con nadie; porque no me las he arreglado para sacar todavía un tres. Pero mañana lo sacaré. Y cuando lo haga, tendrán que importar una esposa para mí, no voy a seguir en el grupo sin pareja...» El coche continuaba su vuelo por encima del desierto de California, lleno de tierras abandonadas y ciudades deshechas...

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