viernes, 3 de julio de 2015

Un Arte de Ver - Aldous Huxley

Tenía 16 años cuando un agudo ataque de keratitis punctacta me dejó (después de 18 meses de ceguera casi total, dependiendo del Braille para leer y de un guía para mis salidas) con un ojo apenas capaz de percibir la luz, y el otro que sólo me permitía reconocer la línea de 57 de la escala de Snellen a tres metros y medio de distancia. Mi problema con la vista se debía principalmente a opacidades en la córnea, pero este estado se complicaba con hipermetropía y astigmatismo. Durante varios años, los doctores me aconsejaron leer con ayuda de una poderosa lente de aumento, para después recetarme anteojos. Con ayuda de ellos, pude reconocer la línea de veinte a tres metros y medio, y pude leer bastante bien, con tal de tener la pupila dilatada con atropina para ver alrededor de la mancha de opacidad, ubicada en el centro de la córnea. Sin embargo, experimentaba siempre una sensación de esfuerzo y fatiga, y muchas veces fui vencido por un agotamiento físico y mental que sólo podía producir el esfuerzo ocular No obstante, tenía que estar agradecido por ver, aunque fuera un poco.

Todo siguió igual hasta 1939. cuando a pesar de los poderosos lentes que utilizaba, leer era cada vez más difícil y fatigoso. No había duda, mi capacidad para leer declinaba rápidamente. Lleno de temor, pensaba sobre lo que podría hacer en este mundo si la lectura se me hacía imposible, cuando escuché hablar de un proceso de reeducación visual y de un maestro que, según decían, lo usaba con excelentes resultados. El método parecía ser totalmente inofensivo y, como los anteojos pronto me iban a resultar insuficientes decidí someterme a una prueba. En un par de meses pude leer sin lentes y, lo que era mejor, sin esfuerzo ni cansancio. La constante tensión y los vahídos que me dejaban exhausto, desaparecieron completamente. También, existían signos de que la opacidad de la córnea que había crecido constantemente durante 25 años, comenzaba a aclararse. 

Actualmente mi visión, aunque lejos de la normal, es el doble de la que tenía cuando usaba lentes; es decir, antes de haber aprendido "El Arte de Ver".


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