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viernes, 24 de marzo de 2017

Biblia Héroes - Dante Gebel

Los soldados aguardan formados, en un respetuoso silencio. Transcurre la mitad de la década del sesenta. Los Estados Unidos de Norteamérica toman una decisión geopolítica de importancia. Reemplazan militar y políticamente a la decadente presencia del imperio colonial francés en Vietnam. Entre ellos hay padres de familia con sueños propios, con metas a largo plazo. También están los más jóvenes. Algunos tienen novia y se encuentran a punto de casarse. Otros poseen grandes proyectos de estudios. Y están los que no tienen a nadie, excepto a este grupo de camaradas que van a la guerra. Quizá algún día soñaron con formar parte de este ejército, a lo mejor, porque no pertenecían a ningún otro lugar. Sin embargo, muy en el fondo de la mirada, se les nota que aún son demasiado niños, aunque vistan un impecable uniforme militar. Como sea, todos tienen muchas cosas en común. Sueños de libertad. Deseos de pertenecer. Sed de una buena batalla, aunque suene desconocida y esté demasiado cerca...

jueves, 23 de marzo de 2017

La Oración - Guillermo Maldonado

He viajado por muchos países del mundo, y a menudo, he escuchado la siguiente pregunta: ¿Cómo puedo desarrollar una vida consistente de oración? Las personas no tienen duda de su necesidad o su deseo de orar, sino más bien, se deriva en cuanto a "cómo hacerlo". Es sorprendente la necesidad que existe de un libro precisamente como el que usted tiene en sus manos...

Señales en el Camin - Roger Zelazny

—¡Detente! —exclamó Leila. Randy giró a la derecha de inmediato y frenó el coche. El cielo avanzaba palpitante hacia un reamanecer perlado. —Retrocede a lo largo del borde del camino. Él asintió y dio marcha atrás. —¿Por esa gente? Sencillamente podríamos volver andando... —Quiero mirarlos más de cerca antes de abandonar el coche. —Muy bien —respondió él, y siguió retrocediendo. Ella se volvió y contemplo el deteriorado vehículo gris. En él había dos figuras sentadas. Ambas parecían tener el pelo cano, pero la luz era todavía engañosa. Ambas parecían estar mirándola. —En un instante se abrirá la portezuela del lado del conductor —dijo ella quedamente. La portezuela del lado del conductor se abrió. —Ahora la otra. La otra se abrió también.

Cómo oír la voz de Dios - Guillermo Maldonado

En un mundo de tinieblas, como en el que vivimos, de inseguridad, temor y donde escuchamos diferentes voces, es importante que todo creyente, ministro y líder, aprenda a escuchar la voz de Dios. Se han visto extremos en los círculos evangelísticos con relación a este tema, un ejemplo de esto es, que existen personas que no creen que Dios habla hoy. Simplemente, creen que es un Dios que habló en algún tiempo, pero que ahora se ha callado. Sin embargo, mediante la lectura de la Biblia, podemos ver que Dios siempre ha querido hablar y comunicarse con su pueblo. Por otro lado, se debe tener en cuenta que existen muchos creyentes que utilizan el nombre de Dios en vano, diciendo frases como éstas "Dios me dijo", "Dios me habló que me divorcie", "Dios me habló que usted tiene que casarse conmigo", etcétera. Usan el nombre de Dios para manipular, controlar y hacer cosas que están en contra de la voluntad de Dios; y en realidad, El no les ha dicho nada...

miércoles, 22 de marzo de 2017

Tú, El Inmortal - Roger Zelazny

Eres un kallikanzaros -dijo ella, inesperadamente. Me volví del lado izquierdo y sonreí en la oscuridad. -He dejado las pezuñas y los cuernos en la Oficina. -Ya conoces la leyenda... -Se titula Nomikós. La busqué a tientas, la encontré. -¿Vas a destruir el mundo esta vez? Me eché a reír y la atraje hacia mí. -Lo pensaré. Si ése es el único medio de que desaparezca la Tierra... -Ya sabes que los niños nacidos aquí por Navidad tienen sangre de kallikanzaroi -me interrumpió ella-, y una vez me dijiste que tu cumpleaños... -¡Ya lo sé! Me llamaba la atención que estuviera bromeando sólo a medias. Conociendo algunas de las cosas con las que de vez en cuando se topa uno en los Antiguos Lugares, los Lugares Calientes, casi no cuesta trabajo creer en mitos... Como la historia de esos duendecillos que se asemejan a Pan y se reúnen cada primavera para pasarse diez días aserrando el Árbol del Mundo, siendo dispersados en el último momento por el sonido de las campanas de Pascua. (Ding-dong, las campanas; ñam-ñam, los dientes; clic-clac, las pezuñas, etc.) Cassandra y yo no solíamos hablar de religión, política o folklore en la cama, pero..., habiendo yo nacido en estos lugares, los recuerdos están todavía frescos en cierto modo...

martes, 21 de marzo de 2017

El Amor es un número imaginario - Roger Zelazny

Roger Zelazny es uno de los grandes escritores de ciencia ficción. Pero hace mucho tiempo que pienso —no soy el único— que si los lectores que no leen ciencia ficción echaran un vistazo a sus relatos, se zambullirían en ellos con la misma avidez que reservan para la obra de un Saul Bellow o un Camus. La intensidad demoníaca de Zelazny, la mezcla de poesía auténtica y prosa vertiginosa, las tramas ágiles y lógicas, el conocimiento de las obsesiones y tragedias del corazón humano, deberían atraer a quienes desdeñan la ciencia ficción. Ahora permítaseme decir algo acerca de mí mismo. No es una digresión. No se aparta del tema que estamos tratando. Desde los diez años quise ser escritor, pero por algún motivo no pensaba hacer carrera escribiendo ciencia ficción o fantasía. Durante muchos años quise ser un escritor que no estuviera encasillado en ningún género. Pero de algún modo cambié de rumbo. Me convertí en un escritor de ciencia ficción.

domingo, 19 de marzo de 2017

El Señor de los Sueños - Roger Zelazny

Tan hermoso como era, con sangre y todo, Render pudo sentir que estaba a punto de acabar. Por lo tanto, sería mejor que cada microsegundo pasara como un minuto, pensó; y quizá debería aumentar la temperatura... En alguna parte, justo en la periferia de todo, la oscuridad plantaba su cerco. Algo parecido al crescendo de truenos subconscientes fue apresado en una furiosa nota. La nota era un destilado de vergüenza, dolor y miedo. El Foro era sofocante. César se encogió fuera del frenético círculo. Se cubrió los ojos con el antebrazo, pero no consiguió detener la visión, no esta vez. Los senadores no tenían rostros y sus vestiduras estaban salpicadas de sangre. Sus voces semejaban gritos de pájaros. Con furor inhumano, hundían las dagas en la figura caída. Esto es, todos menos Render. El charco de sangre en el que se hallaba de pie seguía creciendo. Su brazo parecía alzarse y caer con regularidad mecánica, y su garganta también podría haber estado emitiendo gritos de pájaros, pero, deforma simultánea, formaba parte de la escena y se hallaba al margen de ella.

El último de los salvajes - Roger Zelazny

Rodando a través del sueño de tiempo y polvo llegaron ellos, bajo un cielo frío, azul, profundo como un lago sin fondo, el sol una quebrada y ardiente destrucción sobre las montañas occidentales; el viento un azote de danzantes diablos de arena, el frío viento turquesa del lejano oeste, viento hechicero. Corrían sobre neumáticos pelados, escorados sobre sus resortes quebrados, sus cuerpos magullados, colores desvaídos, ventanas agrietadas, sombras en negro y gris y blanco, fluyendo tras ellos hacia el interior de la región norteña por donde habían conducido ese día. Y después la línea perseguidora de vehículos, dedos de fuego encorvándose, interconectando por arriba, por delante de ellos. Y llegaron, rezagados y averiados, maldecidos desde la flor de la edad a la vejez, de relámpagos a quemados, ignorados por sus compañeros fugitivos... Murdock apoyaba su estómago sobre la loma y miraba avanzar a la jauría a través de los poderosos prismáticos. En el arroyo tras él, el Ángel de Muerte; todo crema y cromo y vidrio a prueba de balas, luciendo un cañón láser y dos bandas de armadura resistente a los cohetes penetrantes; parecía un espejismo ajeno a la tierra brillando al sol, vibrante, arrastrando contra la realidad...

El Hombre que no Existía - Roger Zelazny

Me encontraba en el cuarto de control cuando la unidad J-9 nos jugó una mala pasada. Entre otras cosas, estaba allí para realizar un aburrido trabajo de mantenimiento. Abajo, en la cápsula, dos hombres inspeccionaban el Camino al Infierno, ese eje atornillado al fondo del océano, a miles de brazas de profundidad, que pronto estaría abierto al paso. Normalmente no me habría preocupado, puesto que había dos técnicos entre el personal del J-9. Pero uno de ellos estaba de vacaciones en Spitzbergen y el otro había dado parte de enfermo esa misma mañana. Una inesperada combinación de viento y aguas turbulentas sacudió al Aquina: recordé entonces que era la víspera de Rumoko, y tomé una decisión. Crucé rápidamente la habitación y retiré un panel lateral.

sábado, 18 de marzo de 2017

La isla de los muertos - Roger Zelazny

La vida es una cosa —si me permiten una breve disgresión filosófica antes de que entre en materia— que me recuerda un poco las playas de la bahía de Tokio. Hace ahora siglos que no he visto esa bahía y esas playas, así que puede que esté algo equivocado. Pero me han dicho que nada ha cambiado mucho, excepto los preservativos, de la forma en que la recuerdo. Recuerdo una inmensa extensión de agua sucia, quizá más brillante y más limpia si se la mira desde lejos, pero hedionda, sucia y fría cuando se la ve de cerca, como el Tiempo cuando arrastra los objetos y los corroe y se los lleva. La bahía de Tokio, en un día dado, es capaz de vomitar cualquier cosa. Mencionen ustedes algo, y tarde o temprano lo arrojará: un cadáver de hombre, una concha que quizá sea de alabastro, rosada y rechoncha, con una espiral hacia la izquierda, ascendiendo inevitablemente hacia la punta de un cuerno tan inocente como el del unicornio, una botella con o sin mensaje que uno podrá o no descifrar, un feto humano, un pedazo de madera muy pulida con el agujero de un clavo —quizá un fragmento de la Verdadera Cruz, quien sabe—, y guijarros blancos y guijarros negros, peces, gallos desventrados, metros de cable, coral, algas, y esas perlas blancas que antes eran ojos. Cosas así. Uno deja esas cosas a un lado, y al cabo de un tiempo la bahía vuelve a llevárselas. Así es como opera...